Archive for the ‘Colombia’ Category

Arena entre las teclas


13 Mag

Questa mattina la barra spaziatrice del mac è rimasta incollata al suo fondo.

Il salnitro, che giorno e notte invade l’aria di Salgar, si sta mangiando i meccanismi elettronici che danno accesso al mio mondo virtuale.

Tutto suggerisce una rapida fuga.

Hostales


13 Mag

Nella mia stanza [d’ostello] le pareti sono di legno, sottili.

Di là, delle voci.

Suerte a todos.

Que les vaya bien.

Te vas?

Sì. Voy para Cali. Adiòs.

Salgaragain


13 Mag

Brisa

Humores de tròpico

Quitar la camisa

Paredes Sutiles

Puntigliosa rutina

Movimiento de hamaca

Contracolpe de brisa.

Viernes Santo en Macondo


13 Mag

Gabriel Garcìa Màrquez muriò
el ùnico dìa en que no salìan los periòdicos.

La noticia que todos los periodistas esperaban
se quedò entrecortada en su mitad.

Y como dijo el Maese
la realidad le ganò a la magia.

26 XII 988 – tiempo después


30 Dic

Dame la formula
La canciòn la poesìa
Hazme canciòn, hazme poesìa
Para borrar tu melancolìa
Para no ser tu soledad.

La gata


16 Feb

La gata logra perfectamente que su lenguaje funcione. La gata quiere comunicarte lo queella siente, lo que ella quiere.
No hay manera de malentender su mensaje.
La gata juega, la gata es seria, la gata es tremendamente en poder de todas las maravillas que le ofrece su cuerpo, la gata te mira con fría devocción, la gata se acerca a tu piel solamente porque ahora la necesita. La gata es así, animal que no vive ni adentro ni afuera de una casa, las cuchillas escondidas por debajo de una piel suave y caliente.
Por esto la gata necesita cazar. Sea por juego o por sobrevivencia, la gata no soporta que alguien entre en el alcance de sus vibracciones. No existe posibilidad de que sea de otra forma para la gata: hasta el fuego de la chimenea calienta solamente si ella decide prender la chispa de su deseo.

Yo no me atrevo a abrir la puerta y dejar que la gata salga del cuarto. Ya sé bien que después me haría falta su nariz humeda buscando mi calor, sus ojos que se mantienen cerrados para no tener que compartir con nadie el placer de este contacto.
Por fin le abro la puerta. La gata sale. Mientras la encierro afuera, ella sabe que me arrepentiré, y no le importa. Solo busca en la puerta que se cierra la manera de volver.

Las hormigas del Tròpico


22 Ott

Segregazioni di classe

Allà donde transitan, queda una lìnea sobre la tierra para subrayar su pasaje, un sendero visible desde la Luna, asì por lo meno dice quien estuvo allà arriba. Desde la derecha hasta la izquierda viajan tranquilas. Desde izquierda hasta derecha, sufren, bajo el peso de un fragmento de hoja diez veces màs pesado que ellas, siguien con dificultad, pero no se rinden.

Las hormigas se mueven, perdidas. Trabajan. Buscan decenas de metros màs allà la hoja mejor, la que no existe, cerca de su hueco. O sencillamente creen encontrar algo mejor, algo màs verde y màs bueno, la hoja mejor del mundo. O quien sabe, sencillamente se mueven para darle un sentido a sus seis patas, se mueven para no pensar, se mueven porque asì decidiò el presidente de las hormigas, o se mueven para huir de èl.

Garage


04 Ott

Suspendidos sobre un arpegio constante, ritmico y cromatico. Hoppipolla. Polifonico. Absurdo. Casi inexistente. Indie, rock. Salvaje y refinado. Que se quema en un apoteosis de vivoles, que baja por las montanas como un pedazo de mitologia, el ejercito final que nos arrojarà a todos. Arrancame los pantalones. Busca con tus manos, en el negro vacìo, todo lo que nos queda, las libidinosas ganas de vivir. La musica continùa, sé que no existe asì como sé que la percibes tu también, debajo de nosotros, y no tiene nada que ver con la mùsica de los demàs, allà en la playa. El problema es nuestra capacidad de sonar, de sonar con un manana, y no hay otra posibilidad si no buscarla entre tus piernas, este amanecer que no llegarà nunca. Ya no es tiempo de ideologias, divagaciones sobre como destruir el monstruo que renace, cartas escritas para los amigos para comunicar que efectivamente dios no existe. Todo lo que nos queda es un hueco en la carretera hacia el mar, un aborto de garage olvidado, para buscarnos en la oscuridad. Y un pedazo blanco a separarte de mi, a separrme de ti, a separarnos de nosotros.

Mockus no existe


13 Giu

“Ven y llévate alguna historia de Colombia”, me comenta un amigo  que organiza un festival cultural por allí en el centro de Italia. “Pero que sean historias bonitas, algo que transmita esperanza, que es lo que más hace falta por acá, hoy en día”.

Me parece bien. Y interesado por la propuesta del amigo, me pongo a revisar el programa de la manifestación. Veo gente creativa, innovadora, colectivos que trabajan para acabar con todas las cadenas que amarran al pasado a nuestras sociedades corruptas y apáticas, conferencias que buscan nuevas soluciones políticas. Gente visionaria. Sin duda: el movimiento de orgullo y de innovación dialéctica que supo levantar Antanas Mockus en Colombia será la joya que me llevaré a la manifestación, pensé.

Ahora que pasan los días, me doy cuenta de un problema. El evento es programado por el domingo 20 de junio. Esto significa que muy posiblemente les ilustraré a estos amigos algo que  desconocían (el nombre de Colombia suena por aquí solamente cuando se habla de Falsos Positivos o algo por el estilo), ellos se apasionarán, se exaltarán con la inesperada buena noticia (“alguien todavía está vivo!”), se involucrarán moralmente en el asunto, y volverán a casa un poco más felices y definitivamente colombianos. Pero después prenderán la computadora y se darán cuenta de que este Mockus efectivamente acaba de perder las elecciones presidenciales.

Y entonces, pensarán que algo no está bien. Que yo los tomé a todos por el pelo. Porque según lógica, un personaje que habla de propuestas tan transparentes como necesarias, sencillamente no puede perder las elecciones. No existe ninguna excusa. Ninguna maquinaria, ninguna politiquería, ninguna clase de chantaje, en cuanto frente a un momento histórico como este, debería ser obvio que la gente misma con un mínimo de cerebro en la cabeza, se tendría que encargar de llevar el mensaje reaccionario a quien no tiene las herramientas necesarias para entenderlo y asimilarlo. Bajar a la calle, gritar que ya fue suficiente la carnicería, hasta que los dormidos o anestesiados despierten.

Esto, en lugar de hablar de paja. Porque la verdad objetiva es que, en estas elecciones, no habría mucho que discutir. Por un lado está Santos, por el otro Mockus. Las diferencias no tienen nada que ver con economía y política, las diferencias tienen que ver con el nivel de desarrollo objetivo de las dos propuestas, con asuntos de legalidad, progresismo, transparencia, virtud, lógica. Las diferencias son dos siglos de evolución humana, más o menos. Las diferencias aparecen en la mirada misma de los dos personajes, en la historia reciente (y no tan reciente) de este maltratado país, en la fuerza animal del palo contra la revolución mental de la zanahoria.

Pero el resultado final es que estos amigos quedaran aturdidos. Lo único posible, pensarán, es que “Mockus no existe. El tipo que nos habló de él se fumó algo verde y nos contó una historia exagerada. O si no, quedará cierto que al pueblo colombiano efectivamente le gusta vivir en su propio rollo”, y desde hoy en adelante ya no nos importará un comino a nadie de las tragedias que le toquen en suerte. Esto será su ultimo pensamiento antes de irse a dormir, el domingo 20 de junio. Y mi amigo reclamará conmigo, por haberle llevado otras historias que bonitas no lo son para nada.

Fuera del (primer) mundo


31 Mag

Reflexionando sobre el concepto de «casas», pasadas y presentes, llega uno a observar situaciones bastante controversiales, sobretodo cuando los contrastes son tan evidentes como los prejuicios y las situaciones reales, paradójicas.

El tema es que me mudé. Ya no habito una casita en la playa del Océano Atlántico, corregimiento de Salgar, municipalidad de Puerto Colombia, sino que estoy de vuelta en el punto de encuentro entre Alpes y Apeninos, en un punto cualquiera de las montañas de la vieja Italia, donde nací. Aunque las diferencias puedan parecer infinitas, estaba en esto de concentrarme en focalizar las similitudes, en una clase de ejercicio de estudio de una imaginaria «sociología de los pueblitos», cuando algo que ni yo podía creerme me hizo dejar el trabajo para obligarme a otra reflexión, esta vez, en torno a la geopolítica y las comunicaciones.

Y me doy cuenta, ahora, de cómo estaba demasiado bien acostumbrado en mi casita sin vidrios en las ventanas, allá fuera de los mapas. Es verdad que tenía que barrer el piso cada vez que regresaba en la noche para sacarle toda la arena a mi casita. Se apagaba la luz de la cocina cada vez que se prendía en automático la nevera —qué se puede hacer. Hasta tuve que compartir varias veces mi comida con toda clase de insectos y animalitos que se salían por quién sabe dónde al mínimo descuido. Así es el Trópico.

Pero no es poca cosa para un viajero posmoderno e hipócrita, constantemente apegado a lo que deja atrás a través de la web. Allá, en mi casa de Salgar, sí tenía internet. Algo que en la municipalidad de Viola, al norte de Italia, plena Unión Europea, parece inalcanzable.

¿Razones económicas? ¿Políticas? ¿Descuido? Quién sabe. Todo y nada, según parece. Me comenta un amigo profesor que la compañía telefónica decidió llevar el cable solamente hasta el valle, olvidándose de quien vive unos cuantos kilómetros más arriba. Pero la realidad es que el queridísimo Berlusconi —que, como se sabe, fundó su imperio sobre la trash-tv comercial— hace todo lo posible para frenar la evolución de internet y seguir así en la era primordial de la «caja mágica— que, dicho sea de paso, en Italia acaba de volverse digital (¿el proveedor único de los aparatos de conversión? Paolo Berlusconi. Hermano de su Majestad).

El resultado es que la conclusión de cualquier análisis de observación sigue siendo la misma: «primer» y «tercer» mundo son conceptos arbitrarios y bastante antipáticos; cada vez más. Si el acceso a internet ha llegado a ser una discriminante fundamental en la evaluación del nivel de desarrollo de un país, deben saber que en Italia el 12 por ciento de la población sigue viviendo forzosamente desconectada del mundo.

Y es que en mi casita de Salgar, entre arena y la mala electricidad, las cucarachas y ventanas sin vidrios, hallé finalmente el progreso en la forma del wireless.

(Articulo aparecido en el BlueMonk).

Diary of a Baltic Man

Real Eyes. Real Lies. Realize.


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