Archive for the ‘Politica’ Category

Malditos gringos


25 Dic

Leer “La otra historia de los Estados Unidos“, de Howard Zinn, es una operaciòn dolorosa. Leerlo en tierras de bases militares, de “plan Colombia”, de “guerra al terrorismo”, peor aùn.

Howard Zinn cuenta la historia con otros ojos, los ojos de los jodidos. Indigenas, negros, obreros, comunistas, socialistas, anarquistas, migrantes, italianos, judìos, latinos, mujeres: todas esas categorìas que desde el 1492 encontraron una versiòn distinta al clàsico “American Dream”. La historia que sobresale habla solamente de guerra, de conflictos, de ganancia, de productividad, de enemigos, de “bien” contra “mal”. Desde sus primeros holocaustos, la masacre en contra los pueblos Arawak, el guiòn es un palabreo populista de dirigientes vulgares, incultos, guerreros.

Lo que màs parece absurdo, en esta deprimente realidad, es la actitud de los jodidos. O sea: de todos nosotros. Cada vèz màs engañados con historias còmo la del 11 de septiembre, o con cuentos de bases aereas y planes Colombia, de terroristas y comunistas y dictadores, mudos frente a un gigante que deja morir sus ciudadanos por la calle pero tiene toda clase de protecciòn legal para las sociedades acionarias.

Años y años frente a las pantallas de Hollywood, para darse cuenta, al fin, que el enemigo era el FBI.

There’s never been equality for me,
Nor freedom in this “homeland of the free.”
Say, who are you that mumbles in the dark?
And who are you that draws your veil across the stars?
I am the poor white, fooled and pushed apart,
I am the Negro bearing slavery’s scars.
I am the red man driven from the land,
I am the immigrant clutching the hope I seek—And finding only the same old stupid plan
Of dog eat dog, of mighty crush the weak.
I am the young man, full of strength and hope,
Tangled in that ancient endless chain
Of profit, power, gain, of grab the land!
Of grab the gold! Of grab the ways of satisfying need!
Of work the men! Of take the pay!
Of owning everything for one’s own greed!

Let America be America again – Langston Hughes

Las hormigas del Tròpico


22 Ott

Segregazioni di classe

Allà donde transitan, queda una lìnea sobre la tierra para subrayar su pasaje, un sendero visible desde la Luna, asì por lo meno dice quien estuvo allà arriba. Desde la derecha hasta la izquierda viajan tranquilas. Desde izquierda hasta derecha, sufren, bajo el peso de un fragmento de hoja diez veces màs pesado que ellas, siguien con dificultad, pero no se rinden.

Las hormigas se mueven, perdidas. Trabajan. Buscan decenas de metros màs allà la hoja mejor, la que no existe, cerca de su hueco. O sencillamente creen encontrar algo mejor, algo màs verde y màs bueno, la hoja mejor del mundo. O quien sabe, sencillamente se mueven para darle un sentido a sus seis patas, se mueven para no pensar, se mueven porque asì decidiò el presidente de las hormigas, o se mueven para huir de èl.

Un sms desde Bucarest


06 Lug

Estoy en el cementerio “Genchea”, frente a la tumba de Ceausescu. En la tierra, pequeña làpida con estrella roja y letrero, hoy en dia desteñido, del PCR. Que impresiòn! El hombre que tiranizò el paìs entre 1969 y 1989, que construyò un palacio màs grande que Versailles està allì, menos de un jubilado cualquiera.

G.

Mockus no existe


13 Giu

“Ven y llévate alguna historia de Colombia”, me comenta un amigo  que organiza un festival cultural por allí en el centro de Italia. “Pero que sean historias bonitas, algo que transmita esperanza, que es lo que más hace falta por acá, hoy en día”.

Me parece bien. Y interesado por la propuesta del amigo, me pongo a revisar el programa de la manifestación. Veo gente creativa, innovadora, colectivos que trabajan para acabar con todas las cadenas que amarran al pasado a nuestras sociedades corruptas y apáticas, conferencias que buscan nuevas soluciones políticas. Gente visionaria. Sin duda: el movimiento de orgullo y de innovación dialéctica que supo levantar Antanas Mockus en Colombia será la joya que me llevaré a la manifestación, pensé.

Ahora que pasan los días, me doy cuenta de un problema. El evento es programado por el domingo 20 de junio. Esto significa que muy posiblemente les ilustraré a estos amigos algo que  desconocían (el nombre de Colombia suena por aquí solamente cuando se habla de Falsos Positivos o algo por el estilo), ellos se apasionarán, se exaltarán con la inesperada buena noticia (“alguien todavía está vivo!”), se involucrarán moralmente en el asunto, y volverán a casa un poco más felices y definitivamente colombianos. Pero después prenderán la computadora y se darán cuenta de que este Mockus efectivamente acaba de perder las elecciones presidenciales.

Y entonces, pensarán que algo no está bien. Que yo los tomé a todos por el pelo. Porque según lógica, un personaje que habla de propuestas tan transparentes como necesarias, sencillamente no puede perder las elecciones. No existe ninguna excusa. Ninguna maquinaria, ninguna politiquería, ninguna clase de chantaje, en cuanto frente a un momento histórico como este, debería ser obvio que la gente misma con un mínimo de cerebro en la cabeza, se tendría que encargar de llevar el mensaje reaccionario a quien no tiene las herramientas necesarias para entenderlo y asimilarlo. Bajar a la calle, gritar que ya fue suficiente la carnicería, hasta que los dormidos o anestesiados despierten.

Esto, en lugar de hablar de paja. Porque la verdad objetiva es que, en estas elecciones, no habría mucho que discutir. Por un lado está Santos, por el otro Mockus. Las diferencias no tienen nada que ver con economía y política, las diferencias tienen que ver con el nivel de desarrollo objetivo de las dos propuestas, con asuntos de legalidad, progresismo, transparencia, virtud, lógica. Las diferencias son dos siglos de evolución humana, más o menos. Las diferencias aparecen en la mirada misma de los dos personajes, en la historia reciente (y no tan reciente) de este maltratado país, en la fuerza animal del palo contra la revolución mental de la zanahoria.

Pero el resultado final es que estos amigos quedaran aturdidos. Lo único posible, pensarán, es que “Mockus no existe. El tipo que nos habló de él se fumó algo verde y nos contó una historia exagerada. O si no, quedará cierto que al pueblo colombiano efectivamente le gusta vivir en su propio rollo”, y desde hoy en adelante ya no nos importará un comino a nadie de las tragedias que le toquen en suerte. Esto será su ultimo pensamiento antes de irse a dormir, el domingo 20 de junio. Y mi amigo reclamará conmigo, por haberle llevado otras historias que bonitas no lo son para nada.

Fuera del (primer) mundo


31 Mag

Reflexionando sobre el concepto de «casas», pasadas y presentes, llega uno a observar situaciones bastante controversiales, sobretodo cuando los contrastes son tan evidentes como los prejuicios y las situaciones reales, paradójicas.

El tema es que me mudé. Ya no habito una casita en la playa del Océano Atlántico, corregimiento de Salgar, municipalidad de Puerto Colombia, sino que estoy de vuelta en el punto de encuentro entre Alpes y Apeninos, en un punto cualquiera de las montañas de la vieja Italia, donde nací. Aunque las diferencias puedan parecer infinitas, estaba en esto de concentrarme en focalizar las similitudes, en una clase de ejercicio de estudio de una imaginaria «sociología de los pueblitos», cuando algo que ni yo podía creerme me hizo dejar el trabajo para obligarme a otra reflexión, esta vez, en torno a la geopolítica y las comunicaciones.

Y me doy cuenta, ahora, de cómo estaba demasiado bien acostumbrado en mi casita sin vidrios en las ventanas, allá fuera de los mapas. Es verdad que tenía que barrer el piso cada vez que regresaba en la noche para sacarle toda la arena a mi casita. Se apagaba la luz de la cocina cada vez que se prendía en automático la nevera —qué se puede hacer. Hasta tuve que compartir varias veces mi comida con toda clase de insectos y animalitos que se salían por quién sabe dónde al mínimo descuido. Así es el Trópico.

Pero no es poca cosa para un viajero posmoderno e hipócrita, constantemente apegado a lo que deja atrás a través de la web. Allá, en mi casa de Salgar, sí tenía internet. Algo que en la municipalidad de Viola, al norte de Italia, plena Unión Europea, parece inalcanzable.

¿Razones económicas? ¿Políticas? ¿Descuido? Quién sabe. Todo y nada, según parece. Me comenta un amigo profesor que la compañía telefónica decidió llevar el cable solamente hasta el valle, olvidándose de quien vive unos cuantos kilómetros más arriba. Pero la realidad es que el queridísimo Berlusconi —que, como se sabe, fundó su imperio sobre la trash-tv comercial— hace todo lo posible para frenar la evolución de internet y seguir así en la era primordial de la «caja mágica— que, dicho sea de paso, en Italia acaba de volverse digital (¿el proveedor único de los aparatos de conversión? Paolo Berlusconi. Hermano de su Majestad).

El resultado es que la conclusión de cualquier análisis de observación sigue siendo la misma: «primer» y «tercer» mundo son conceptos arbitrarios y bastante antipáticos; cada vez más. Si el acceso a internet ha llegado a ser una discriminante fundamental en la evaluación del nivel de desarrollo de un país, deben saber que en Italia el 12 por ciento de la población sigue viviendo forzosamente desconectada del mundo.

Y es que en mi casita de Salgar, entre arena y la mala electricidad, las cucarachas y ventanas sin vidrios, hallé finalmente el progreso en la forma del wireless.

(Articulo aparecido en el BlueMonk).

Aquel paìs


13 Apr

Una de las primeras novelas que leì en espanol era un librito de Antonio Ungar. Se llamaba “Zanahorias Voladoras”, y para mi no signifaba nada màs que entrar a ojear que hay de bueno en la literatura de un país bastante novelesco, asì cargado de cualquier clase de intensidad, como es Colombia. Màs allà de la Obra Maestra De La Patria Literatura, no cabe recordarlo.

Lo que acuerdo de este libro, el relato novelado de un inmigrante colombiano en Barcelona, es el concepto de Aquel Paìs. Asì llamaba a su tierra el joven treintañero bogotano que vivìa sobre su piel – o alma, o hígado – la maldición endémica de haber nacido en un lugar donde primordialmente “todo iba mal”.

A través de los meses, a través de los kilómetros, a través de Colombia, he conocido los ojos y las intimidades de estos jóvenes como el autor y como yo, estos amigos colombianos que me hacen preguntar “porquè les tiene que tocar tan dura”. Y he percibido, en estas interminables charlas musicalizadas por los distintos acentos de sus regiones, la presencia constante del “si solo pudiéramos”, escondido entre las palabras. Si solo pudiéramos hacer lo que sentimos que  hay que  hacer.  Si solo pudiéramos creer que vale la pena. Si solo pudiéramos fracasar. Si solo pudiéramos salir, llenar nuestro balde de agua y regresar en estos atardeceres tropicales, si pudiéramos trabajar para nuestra gente entre nuestra gente, si pudiéramos dejar de rescatarnos dos años de juventud engordando de corrupción a los militares, si pudiéramos quitarnos de las espaldas esta terrible palabra, “militar”. Colombianos ingenieros, músicos, periodistas, sonadores, directores de orquestas, profesores, estudiantes, jóvenes, jóvenes cincuentañeros en el desierto de la Tatacoa recorriendo el país con sus hijos adolescentes, “nosotros no podemos movernos y entonces conozcamos por lo menos a este país, porque sí hay que aprender a aprender”.

Ahora que mis días tropicales se agotan, me asombra positivamente percibir como la suma de todos estos “si pudiéramos” se están rápidamente convirtiendo en una masa de “sì podemos”, en  la calle como en las opiniones de la democracia 2.0, internet.

He conocido a amigos colombianos que visualizan claramente el  panorama frente  a sus ojos, tienen bien fija frente a sus ojos la “Y” que inevitablemente lleva por dos caminos geométricamente opuestos. Futuro, condena. Entusiasmo, fuga.

Una magnífica resurrección de esperanza colectiva, el milagro que parecía imposible, tan teorizado en las clases inútiles de las universidad, la evolución. Palabra complicada, siempre tan lejana en estas tierras. Léete Donde está la franja amarilla de William Ospina, si no me crees.

Pero también las cicatrices del alma son herencias endémica entre los amigos colombianos de mi generación, tienen en su genética la historia del 1948, la de Galán y la del último héroe nacional, la más despreciable de todas, porque no sé mata al arte. Tienen bien clara la ley de Macondo, el “aquí nada cambia” como una lección a la cual todo el mundo ya tuvo que rendirse.

Para ellos, una derrota de la Esperanza significaría la confirmación de lo que han aprendido sobre su piel, que esto es un país jodido y que la única posibilidad es la fuga, que ya no tiene arreglo y nunca lo tendrá. Significaría rendirse a la impresión de haber nacido del lado equivocado de la vaina, y continuar a hablar de Aquel País sin saber explicar realmente de que se trata, a la gente que no puede entender. Y confiesan amargos, mis amigos colombianos, como esta sea la apuesta que ellos –su futuro– le están poniendo en la cara a Colombia,  una última definitiva oportunidad a sus padres y a lo que no lograron arreglar, un ultimátum. La guerra y el tercermundismo de un lado y la educación y oportunidades para todos, del otro. Saben, han decidido que si no se escoge el camino de la lógica y del progreso cultural, no tendrá sentido dedicarse al servicio de lo que no se quiere lograr, sea como sea. Aunque toque la humillación de buscar los papeles de salida en un matrimonio ficticio, en un mundo donde hasta el papel higiénico vuela libre sobre los continentes. Y lo harían para dar un sentido a sus años (y su plata) de inversión universitaria, sin agigantar las listas de abogados taxistas. Siempre hay alguien interesado al talento, allá al norte. Cuando se trata de absorber valiosos profesionales huyentes, no importa el color de la piel.

Por esto, se tiene la sensación de vivir en un momento histórico, si se observa la Colombia de hoy desde una mirada independiente, ajena de cualquier lazo que no sea un profundo cariño hacia este país que de verdad es pasión. La Colombia de hoy está de frente a un millón de puertas que pueden finalmente abrirse frente a sus hijos, o cerrarse por siempre sobre el lugar “donde algún día nacimos, en Aquel País”.

Colombia – Italia 1-0


28 Feb

Grandes analogias unen Colombia y Italia: la profunda conexion entre mafia y poder, un presidente con la carga de turbias culpas, el aislamiento de la comunidad regional alrededor, el profundo aturdimiento de la opiniòn pùblica, anestesiada por medios de comunicacion arrodillados al poder.

Sin embargo, ayer, eri,26 de febrero de 2009, la Justicia marcò un punto de gira en la democracia colombiana: la Corte Costituzional, con su 7 contrarios frente a favorables, sellò definitivamente su rotundo NO al sueño de reeleciòn del presidente Uribe, quien llegò al final de sus dìas en Casa Nariño.

Pura fantaciencia en el tercer mundo italiano, donde los jueces siguen siendo definidos “talibanos” por un payaso del cual medio mundo se burla. La Justicia es entonces el termometro que define la salud de un pueblo que definitivamente perdiò su esperancia y otro que, desde hoy, huele el dulce sabor del cambio.

El inmediato futuro, en Colombia, pinta bien interesante. Un profundo equilibrio reina entre los 5 candidatos presidenciales, con un interessantisimo Fajardo (candidato independiente, académico) che propone una politica alternativa a las viejas y falsas divisiones entre liberales y conservatores, ademàs de la visiòn futuristica del Mockus.

Primer y tercer mundo ya no son los de antes.

Diary of a Baltic Man

Real Eyes. Real Lies. Realize.


Ricerca personalizzata